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Fracaso en Copenhague, desacuerdo en Sevilla

- 19 de January de 2010 - Publicado en: General

La cumbre internacional de Copenhague del pasado diciembre tenía que servir para tomar decisiones concretas en la lucha contra el cambio climático. Pero el gran escaparate de los líderes mundiales no permitió llegar a acuerdos concretos: ningún compromiso cifrado de reducción de las emisiones de CO2, ninguna decisión vinculante. La Unión Europea, el bloque que presiona a favor de un acuerdo ambicioso, responsabilizó entonces a China y Estados Unidos del fracaso.

Earth Day Flag, CC Berverly & Pack

Un mes después de Copenhague, Sevilla. Los ministros europeos de Medioambiente se reunieron en Sevilla los pasados 15 y 16 de enero, con menos cámaras y en ausencia de los otros países. Ya ni existe la intensa presión mediática y ciudadana, ni se puede acusar a países exteriores.

¿30% ó 20%?

El objetivo de esas conversaciones europeas es definir la posición que va a mantener la UE en el mundo. Y el debate se resume en cifras. Cada uno de los 27 miembros reconoce que tenemos que reducir las emisiones de CO2 de aquí al 2020. ¿Pero en qué proporción? Hasta ahora, la UE defendía en los foros internacionales la necesidad de reducir las emisiones en un 30% respecto al nivel de 1990. Pero en Sevilla algunos países -Reino Unido y Holanda, entre otros- quisieron rebajar las exigencias para tener más oportunidades de ser seguidos por el resto del mundo.

Al no ponerse de acuerdo, los 27 decidieron… volver a quedar para llegar a un consenso. El próximo miércoles, 20 de enero, los Gobiernos tendrán que elaborar un texto en el que dicen a la comunidad internacional cuál es el compromiso de Europa. Entonces, antes del 31 de enero, otros países como EEUU y los países emergentes tendrán que anunciar su propia meta. La secretaria de Estado española de Cambio Climático, Teresa Ribera, declaró este martes que los europeos están de acuerdo en la cifra del 30%… Pero algunos miembros quieren imponer una condición: que el resto del mundo se fije objetivos “comparables”. De momento, nadie sabe como se mide esa comparabilidad