Una ilusión que se hunde
Jueves, Octubre 23rd, 2008Veníamos al pueblo dos veces por semana, como mínimo. El abuelo se había jubilado y disfrutabamos con él de la pesca de cangrejos, tardes de río, de mus, de paseos. Nuestros hijos habían crecido y los precios en la ciudad comenzaban a ponerse por las nubes.
Decidimos buscar algo que nos permitiese hacer lo que nos gustaba sin traslados, arriesgando nuestra hipoteca, pero seguros porque los gastos estaban controlados. No necesitábamos lucir imagen, aparentar más de lo que teníamos. Nuestra vida tomaba un nuevo rumbo: una huerta para comer y un trabajo como el de antes.
Pero el Euribor lo complicó con una hipoteca de más de mil euros al mes. ¿De dónde sacamos tanto dinero? El salto nos salió por la culata. Ahora estamos pensando en vender el sueño de nuestra vida, un proyecto arañado al tiempo, esbozado y materializado muy personalmente: reciclando y remozando; perfeccionando y a medio camino…
No somos jóvenes y nos da miedo afrontar deudas importantes. No queremos envejecer con la sombra del embargo. Y aunque sabemos que nuestros clientes salen contentos de aquí, que vuelven y envían a sus amigos y familiares, no podemos garantizar unos ingresos fijos. Es una casa rural en condiciones normales, sin lujos, pero que satisface a los que nos visitan.
Se nos hunde un poco la ilusión de llevar adelante un trabajo que para nosotros es un placer, teniendo en cuenta que no hay beneficios ni para mantenimiento, ni para mejoras, ni para respirar.
El futuro tal vez, nos traiga en breve edificios verticales también en el medio rural. Qué pena más negra…
Kenia López Salmerón
Casa Lucía (Navarra)









RSS