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Escapada de fin de semana: Setenil de las Bodegas

- 20 de August de 2015 - Publicado en: Escapadas de fin de semana

El río Guadalporcún hiere la sierra en su camino hasta el río Guadalete. En esa herida, un impresionante tajo en la tierra, crece Setenil de las Bodegas. Sus casas blancas se agarran a la tierra para asomarse al río y al valle. Pasear por sus calles es una de las experiencias más originales de la sierra de Cádiz.

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No está claro el origen del nombre de Setenil. Hay quien dice que viene de “Septem nihil”, por las siete veces que los cristianos intentaron conquistar la plaza sin éxito. Y no es extraño, porque sus cuestas ponen a prueba las piernas más en forma. Ahora ocurre lo contrario: es Setenil quien conquista al viajero. Lo toma prisionero, y el viajero se deja llevar, claro.

Primero tienes que descubrir Setenil desde el mirador de los Reyes Católicos. Desde allí se entiende mejor cómo crece la ciudad a lo largo del tajo del río Guadalporcún, siempre hacia arriba hasta la fortaleza nazarí; las casas bajo, dentro de y sobre la roca.

Después, tienes que perderte en sus calles, por la calle de las Cuevas del Sol, por la calle Cuevas de la Sombra o por Jabonería, y descubrir las casas que están al abrigo de la roca. Porque, a diferencia de otras casas-cueva famosas, las viviendas de Setenil no están excavadas. Se aprovecha el hueco de la montaña para cerrarlas con las fachadas encaladas y la piedra (muchas veces pintada de blanco) como una pared más de la vivienda.

Poco a poco subirás hasta llegar a La Villa, que es como se llama al barrio histórico de Setenil. En lo alto están los restos de la fortaleza nazarí, su sólida torre de homenaje, y también la iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación, de estilo gótico tardío (e inacabado, porque su construcción se quedó a medias).

Ya estás arriba, las piernas cansadas después de la subida. La mejor manera de descansar es asomarse al pueblo desde el cercano mirador El Lizóna, al entramado de calles como venas que van a dar al río, las tejas y las azoteas. Y luego disfrutar de una buena comida serrana.

Setenil de las Bodegas es, además, una base de operaciones perfecta. Desde allí, el resto de pueblos blancos de la sierra de Cádiz están a un paseo en coche. La otra opción es ir hacia al sur, hasta la vecina Ronda, quizás la ciudad más hermosa del mundo.

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