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Leyendas rurales: La Santa Compaña

- 7 de April de 2015 - Publicado en: Turismo rural

Una campanilla suena a lo lejos pero apenas le prestas atención. Lees un libro, ya en la cama de la casa rural en la que pasas unos días de vacaciones, y la lectura te absorbe. La campana suena y tú pasas una página, y otra página…

Santa Compaña, foto de Javier Pais en Flickr

De pronto, tienes frío. Dejas el libro sobre las rodillas y te frotas los brazos pero al final tienes que meterte debajo del edredón. Te preguntas si hay algún problema con la calefacción pero te da pereza comprobarlo. Vuelves a concentrarte en el libro aunque te arrebujas en la cama casi sin darte cuenta.

Un aullido salvaje asalta la noche y, ahora sí, se te eriza la piel, levantas la cabeza del libro, escuchas con atención. El aullido se repite. Y luego otro. Son perros, reconoces, aunque el sonido es casi sobrenatural y parece venir de todas partes. Ya no puedes seguir leyendo, el lamento animal te ha sacado de la novela.

La campanilla suena cada vez más cerca y se mezcla con los aullidos. Te levantas de la cama y te acercas a la ventana. Intentas ver algo a través del cristal, pero ahí fuera todo está oscuro. Demasiado oscuro. Y entonces recuerdas…

Lo leíste en algún sitio cuando preparabas tu viaje a Galicia, o quizás te lo contó alguien. La campanilla, los aullidos, el frío y también la niebla que envuelve a unas siniestras figuras que van descalzas y vestidas de negro: La Santa Compaña. El nombre te viene a la mente con un escalofrío.

Santa Compaña, Wikipedia

Leíste (o alguien te contó) que es una procesión de muertos que recorre los caminos para reclamar las almas de aquellos que van a morir pronto. Que la encabeza una persona viva de rostro pálido, envuelta en una luz misteriosa, condenada a pasar las noches de puerta en puerta, cargando con una cruz y con agua bendita, hasta morir consumida por el esfuerzo.

Recuerdas que también vaga por Asturias, donde se la conoce como La Güestia. Y que estarás a salvo mientras no te la encuentres en un cruce de caminos ni aceptes una de las velas que portan los muertos. Te alejas de la ventana, vuelves a la cama y cruzas los dedos para que no se detengan en la puerta de tu alojamiento.

Nota: este es el primer post de una serie de leyendas rurales… Atentos a sus pantallas 🙂

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