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Leyendas rurales: ¿Qué hace un cocodrilo en la iglesia?

- 16 de June de 2015 - Publicado en: Turismo rural

En realidad no es un cocodrilo, es un caimán, pero el bicho impresiona cuando se entra a la iglesia de Santa María de Mediavilla, en Medina de Rioseco. Cuelga del cancel de madera que hay en la puerta, como si estuviera a punto de abalanzarse sobre ti.

medina de Rioseco, foto de luscofusco en Flickr

La leyenda se remonta a la construcción de la iglesia. Al parecer, cuando los obreros iban al trabajo se encontraban destruido todo lo que se habían esforzado en construir el día anterior. Del asombro inicial pasaron al enfado, justificado, y finalmente al miedo cuando descubrieron al culpable: un caimán.

Otra versión dice que el caimán vivía en el río Sequillo y que se alimentaba del ganado y de los incautos que se acercaban a su territorio en el páramo de don Lázaro. La cuestión es que nadie se atrevía a enfrentarse a él por miedo a ser devorados.

Finalmente, las autoridades decidieron ofrecer un pacto a un preso condenado a muerte: si mataba al animal, sería libre. El desenlace también tiene varias versiones. Una de ellas asegura que el preso se armó con un espejo que colocó frente al caimán. La otra dice que en realidad iba vestido con una armadura de espejos.

En los dos casos, el preso también llevaba una lanza que hundió en el cuerpo del caimán, distraído por su propio reflejo. El preso logró el indulto, los habitantes de Medina de Rioseco consiguieron por fin tranquilidad, y la piel del caimán acabó en la iglesia de Santa María.

Caimán, foto de Wikipedia

La pena es que la leyenda, en este caso, es eso, una leyenda. En realidad, la piel del caimán es una ofrenda que realizó un paisano de Medina que había hecho carrera en México. Los habitantes de pueblo se lo toman con humor y existe hasta una piruleta típica con forma de caimán.

De hecho, este tipo de exvotos fue frecuente (aunque ahora nos parezca raro) y muchas iglesias españolas tienen sus propias pieles de lagartos y serpientes colgando en su interior. Esta misma leyenda se repite casi palabra por palabra en otros lugares, como por ejemplo en Jaén y su conocida historia del lagarto de Malena.

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