Archivo de la categoría "Historias rurales"

Una respuesta convincente

Jueves, 24 de Abril de 2008

Es la pregunta, casi obligada, que nos hacen algunos de nuestros huéspedes. ¿Qué os ha llevado a este cambio tan radical? La respuesta no es sencilla pues hay muchas respuestas.

Una respuesta convincente es la lucha contra el montaje de la sociedad laboral en nuestros días. No es nada fácil dejarlo todo, de hecho encuentras multitud de obstáculos para poder realizar este cambio. La Normativa para Casas Rurales puede ser un primer obstáculo según la comunidad autónoma donde quieras ubicar este modo de vida.

Toni Alier Laplana. Propietario de HaitzetxeaA nosotros concretamente, pertenecientes a Navarra, nos dijeron, después de comprar una vivienda (construída en 1800), que las ventanas de la casa eran pequeñas y que entraba poca luz. ¿Qué debemos hacer? ¿cambiar la estructura de un edificio histórico?

Suerte que las Leyes se revisan de vez en cuando y Turismo se desvinculó de Vivienda y así se consiguió que ningún Caserío más se destruyera con artilugios (claraboyas, ventanas metálicas….), que iban en contra de lo que es una casa rural con encanto.

Hoy en día estamos muy contentos de haber escogido este tipo de vida, es muy bonito entablar conversaciones con los huéspedes que llegan de todas las partes del planeta y ver sus caras de satisfacción al ver que el esfuerzo diario que empleamos, mi mujer y yo, día a día, para que las personas que nos visitan se encuentren lo más a gusto posible, el encanto del lugar, las habitaciones cálidas, nuestra comida y nuestra forma de ser.

Acabo y añado que no es nada fácil vivir de esto. Las vacaciones de los españoles están muy mal estructuradas y esto obliga a subir tarifas, aunque nuestra intención nunca fue hacernos ricos con este modo de vida.

Toni Alier Laplana
Propietario de HaitzEtxea

Mi casa, mi caso

Lunes, 24 de Marzo de 2008

Después de estudiar mucho y no sacar nada, entré de rebote en un aula de turismo de una escuela taller y ¡corcho, me gustó!. Me gustó tanto, que sigo en ello y ya son casi 15 años.

Hotel Rural La SinriellaCon 23 formé mi primera empresa en este mundo apasionante con 5 socios; al año eramos 3, y nos tocó pagar costas. Estuve unos 6 años, en S.L.L., con dos chicos más, gestionando un alojamiento juvenil y rural de 80 plazas, éramos tan jóvenes… Enlazábamos las salidas con los desayunos y nos íbamos de copas con los clientes, de los cuales alguno mantengo. ¡Ya te tiene que gustar!

Luego, al pasar la treintena, tener un bebé y casarme (por este orden), las cosas cambiaron y decidimos deshacer la sociedad.

Aún así seguí trabajando casi dos años más en un hotel rural, donde aprendí, sobre todo, qué no hacer en un futuro. Al final, después de una crisis importante, física y mental, lo dejé todo y me dediqué a Mi Proyecto, Mi Hotel Rural en Asturias. Dos años de papeleos, dos de obras y dos más para arrancar, pero aquí estoy.

¡Ya te tiene que gustar! dicen algunos. Sí, si entiendes que esto es una forma de vida, si te gusta tratar con personas, escuchar cómo te cuentan su vida y contarles la tuya. Se trata, como me dijo una vez alguien, de un intercambio mutuo. ¿Para qué vas a salir al mundo, si el mundo viene a tu casa?

Y cuando un cliente repite, me manda saludos o me manda a sus amigos, eso es una fiesta, sentir la satisfacción del trabajo bien hecho. Es entonces cuando me digo “¡tengo unos clientes que no me los merezco!”. Todos formamos una gran familia.

Margarita Álvarez
Hotel Rural La Sinriella

Vivir del y para el campo

Jueves, 21 de Febrero de 2008

Toda mi vida ha sido el campo, los animales.

Desde los 20 años de edad, y hasta cumplir los 40, regenté una discoteca y terraza de verano durante los fines de semana, mientras el resto de los días los dedicaba plenamente al campo y los animales.

Me crié en una finca de caza en los tiempos en que se vivía más del campo; tiempos en los que las cosas se apreciaban más que ahora… He vivido aquellos tiempos en los que no existía ni la luz, ni los teléfonos, ni el agua corriente, ni la calefacción… y un largo etcétera de las comodidades de las que ahora disponemos.

Los Galápagos

Cuando las fincas eran casi mini pueblos en los que convivían pastores, vaqueros, gañanes, hortelanos, piconeros… Se vivía del y para el campo. Se cazaba para comer y se hacían las matanzas para conservar sus derivados para todo el año, al igual que se hacía con los productos de las huertas.

Ibamos a buscar el agua con borricos a las albercas y arroyos; y la calefacción era simplemente la lumbre de una chimenea. El aire acondicionado, la sombra de una encina. Aquellas gentes me enseñaron a cazar y a conocer los secretos que esconde el campo, para sobrevivir en él. Y en él sigo.

¡Bingo! En el año 1995 se pone de moda el campo y los animales (como si antes, no hubiesen existido) y aparecen las “casas rurales”. Este descubrimiento me alegró mucho, ya que a mí me venía como “anillo al dedo”, puesto que llevaba toda la vida en el campo y había adquirido todos los conocimientos necesarios. Fue ahí donde nació “Los Galápagos“.

José de Campos
Casa Rural Los Galápagos

Nuestra vía de escape

Jueves, 24 de Enero de 2008

La primera vez que puse el pie en Monasterio era casi de noche.
Se nos había pasado el día recorriendo pueblos por la Sierra Norte de Guadalajara, en busca de una casa de campo para alejarnos de Madrid los fines de semana, pero a pesar de que ya estábamos cansados, decidimos echar un vistazo a aquel pueblito de nombre tan sugerente.

Era un lugar solitario, de cuatro casas y media, rodeado de árboles y junto a un río, y nos gustó tanto la tranquilidad que se respiraba allí, que decidimos preguntar a la única persona que vimos por alguna casa en venta.

Aquel señor era uno de los cinco habitantes que el pueblo tenía en invierno, y nos enseño un pequeño pajar en el rincón de una placita… Con ayuda de su linterna, apenas vimos algo más que vigas de madera, restos de heno y comederos de animales. Pero el sitio nos enamoró.

Éste fue el comienzo: aquel pajar fue restaurado. Con mucho esfuerzo y con muchas ganas, lo convertimos en una casita confortable a la que nos escapábamos en cuanto podíamos, para librarnos del estrés de nuestros respectivos trabajos, de los atascos y las prisas urbanas que cada vez nos hacían la vida mas difícil.

Rincón del Monasterio

Disfrutar de unos días mágicos en Monasterio:
El pueblo era la vida para nosotros. Y de hecho, cuando pensamos en casarnos no dudamos en hacerlo allí, 35 años después de la última boda celebrada en aquella Iglesia.

El Rincón de Monasterio se convirtió en nuestra vía de escape y cada vez llevabamos peor lo de coger el coche los domingos por la noche y conducir 98 km para volver a Madrid. Así que empezamos a pensar en la posibilidad de vivir allí.

Pero no era fácil, Mikel, mi marido, trabajaba como fotógrafo en una publicación a la que llevaba vinculado 14 años y yo era ejecutiva en una empresa, trabajando hasta 12 horas diarias. No parecía posible salir de aquel engranaje, pero lo que nosotros queríamos era cambiar de vida. Compramos un grupo de casitas semi-derruidas junto al río, hicimos un proyecto y solicitamos una subvención. Las obras de rehabilitación podían comenzar.

Nace un bebe en la casa de los sueños
Construimos las casas conservando y respetando la arquitectura local. Y así surgió El Rincón de Monasterio I, y así fue cómo tuve que dejar mi trabajo para atender la creciente afluencia de visitantes. Pasada la incertidumbre lógica de los comienzos, el proyecto se consolidó y Mikel pudo dejar definitivamente su trabajo.

Cinco años mas tarde nuestra hija Mar fue el primer bebé nacido en 40 años en Monasterio.

Cuando miro atrás y repaso los duros comienzos, me doy cuenta de que tengo la suerte de poder decir que he conseguido mi sueño como empresaria. Después de todos estos años de tanto trabajo y grandes cambios, mi experiencia me ha hecho creer que las ilusiones, los deseos de una vida mejor, pueden llegar a cumplirse.

Mercedes Álvarez
El Rincón del Monasterio

“Un gran hombre de la Alpujarra”

Jueves, 20 de Diciembre de 2007

Mi nombre es Antonio Carmona y soy propietario del “Cortijo Bancal de los Pérez”. Nací en una casa de campo de la Alpujarra (Granada) en 1942. Estoy casado, tengo tres hijas y cinco nietos.

Propietario e hija del Cortijo Bancal de los Pérez

Con tan sólo ocho años comencé a alternar la escuela con el pastoreo y con las tareas agrícolas propias de la vida campestre. Se puede decir que cultivé la tierra de forma primitiva, manejando arado de palo y vertedera, azadón, hoz, trilla, cuartilla, herpiles, artesa, romana…, igual que lo hicieron mis padres y mis abuelos.

En 1965 ingresé en Telefónica y durante el periodo 1977–1980 cursé los estudios de Graduado Social en la Universidad de Granada.

Tras mi prejubilación, en 1998, dediqué parte del tiempo a plasmar por escrito la vida de mis progenitores y el entorno, sus vivencias, conversaciones mantenidas con mis padres, canciones que rescaté entre sus recuerdos… Con todo ello escribí Clarito, un gran hombre de la Alpujarra, un libro que recorre y alumbra con detalle la vida de las gentes de la comarca durante el siglo pasado.

En el año 2004 heredé la finca y posteriormente, haciendo un esfuerzo económico y personal importante, reformé la casa que fue de mis padres, abuelos… América, mi esposa, se implicó y se esmeró en los detalles. Conseguimos que la vivienda quedara atractiva y los alrededores armoniosos. Entonces surgió la idea de alquilarla como alojamiento rural.

Actualmente cultivo de forma ecológica tomates, pimientos, berenjenas, ajos, lechugas, habas… Todo para consumo propio y para que las personas que se alojan en la vivienda pueden consumir libremente; nos encanta que disfruten probando los frutos del huerto.

Antonio Carmona
Cortijo Bancal de los Pérez


[X] Cerrar